El gobierno de Venezuela no quiere abastecer de toallitas higiénicas a la población

Escrito por Augusto Ferreira

La realidad social es muy compleja. Debemos reconocer este hecho para que nuestras reflexiones vayan adquiriendo precisión en cuanto a veracidad, ya que de otro modo estaremos validando (en la práctica) la actitud de juzgar arbitrariamente todo lo que se nos venga en gana. Por ello, cada vez que surge una polémica sobre un tema social, deberíamos intentar comprender los diversos posicionamientos en pugna, contrastándolas con las certezas que surgen de la lógica apoyada en pruebas fehacientes.

Las polémicas sociales son tan complejas que a veces incluso se nos aparecen sin explicación razonable a pesar de que contamos con las herramientas intelectuales y algunos referentes confiables que nos ayudan a interiorizarnos en el debate. Personalmente, en tales casos me he apoyado en las certezas dejando las dudas como tema reservado a la investigación o a la postergación indefinida (obviamente son muchas las dudas y uno no puede abarcar todo). No obstante, puede darse el caso de que uno esté exigido por las circunstancias a tomar posicionamientos urgentes, pero estos son casos excepcionales (convengamos que no es algo que ocurre muy seguido), así que dicha excusa solo va a justificar nuestra imprudencia en contadas ocasiones.

Viene al caso remitir algunos ejemplos para ir pisando tierra: Existen elementos de investigación que demuestran la existencia de políticas de gobierno que beneficiaron al Paraguay durante el mandato del Dr. Francia. Así mismo, existen elementos de investigación que demuestran la existencia de políticas de gobierno que perjudicaron al Paraguay durante el mandato del Dr. Francia. Hay que tener en cuenta que estos posicionamientos en pugna están respaldados por investigadores serios que no dieron por concluida la cuestión debido a que la mayor parte de las fuentes de primera mano (registros históricos del archivo nacional, por ejemplo) ni siquiera fueron revisadas. Mientras tanto, la mayoría de la gente ya ha sacado sus propias (rígidas) conclusiones, tomando como premisas (nada más y nada menos que) a las argumentaciones de la opinión pública, que no es otra que la opinión que más se publica. La mayoría dirá que no ha sacado sus conclusiones de la opinión pública, pero un examen honesto llevará a casi todos al reconocimiento (de la cruda realidad) de que no ha investigado nunca fuentes de primera mano (ni de segunda mano) que traten sobre el tema.

Pero vayamos a un tema más actual: “La posibilidad de reelección de Lugo”. Conozco referentes honestos e inteligentes que apoyan la reelección de Lugo. Así mismo, conozco referentes honestos e inteligentes que no apoyan la reelección de Lugo. Por cierto, también conozco sus argumentos, pero me cuesta sacar un posicionamiento al respecto debido a la complejidad del tema, que amerita un examen a fondo. Me refiero a una reflexión seria, tomando información seria que (por dios) no provenga de los medios de masivos que, si bien, a veces dicen alguna que otra verdad (para legitimarse), la mayor parte de las veces solo responden a los intereses de sus propietarios y asociados, que no suelen ser personas muy bondadosas y honestas según cuenta la leyenda.

Los anteriores párrafos son digresiones que me parecieron pertinentes para (mínimamente) establecer un pre-dialogal razonable. Así que, llegado a este punto (a pesar de que no creo que haya muchos lectores que hayan llegado hasta este punto) creo que será posible hablar de Venezuela sin fruncir el ceño y con la apertura suficiente para reconocer humildemente que no es conveniente sostener ciertas afirmaciones (como la del título de este artículo) sin antes hilar fino en cuanto a la procedencia y elementos constitutivos de dicha aseveración.

Aclaro que no pretendo hacer un análisis sobre las acciones políticas del gobierno venezolano actual, ni mucho menos intentar un desglose semiológico. Este es un simple artículo de opinión a través del cual intento proponer una actitud y una forma de mentación que me parece adecuada para el abordaje de este tipo de cuestiones, delicadas por su carácter incendiario y polémico. No obstante, a pesar de que no es mi objetivo, me veo obligado a opinar para (en la práctica) ejemplificar mi propuesta.

Pues bien. Antes que nada, yo opino que al gobierno oficialista de Venezuela (ni a ningún gobierno oficialista) le favorece el desborde social. Generalmente los gobiernos oficialistas, sean buenos o malos, y por diversos mecanismos, tratan de mantener a la población satisfecha para que haya estabilidad y puedan perdurar en el poder (creo es lo más lógico). Sería muy raro que los gobernantes apoyaran políticas de desabastecimiento de productos necesarios como las toallitas higiénicas; una acusación que vi recurrente en los medios internacionales, nacionales y en la opinión pública aquí en Paraguay. Así que, en primera instancia, la lógica parece apuntar a que el desabastecimiento de productos básicos de Venezuela no es un acto deliberado del actual oficialismo de Venezuela. Es más, se puede observar claramente que es un hecho utilizado para atacar las políticas públicas del oficialismo venezolano. Por otro lado, creo que es evidente también (hay que ser muy honestos sobre este punto para que haya diálogo razonable) que en los últimos siglos hay un hostigamiento histórico (principalmente) de parte de la política exterior estadounidense sobre las naciones que intentan utilizar sus recursos estratégicos para beneficiar a los pueblos. Que es una de las cosas que viene intentando hacer el movimiento chavista en la última década, y esto resulta innegable si uno compara la inversión social antes y después del ascenso de Chávez al poder. Con esta última acotación no pretendo decir que no hayan cometido errores (y errores gravísimos) los representantes del chavismo (actualmente desestructurado en varias corrientes). Tampoco pretendo decir que en Venezuela no hay corrupción (al parecer hay mucha corrupción). Lo que pretendo decir es que hay grandes poderes internos y externos a Venezuela que trabajan a toda máquina (con todos los medios a su alcance) para que el proyecto chavista no funcione. Esto hay que tenerlo muy en cuenta. Y hay que tener en cuenta que tienen herramientas muy sofisticadas para desestabilizar gobiernos. Recordemos que Venezuela tiene actualmente la mayor reserva de petróleo del mundo (o una de las mayores) y que el gobierno estadounidense con el apoyo de las elites locales ha manejado la rentabilidad del negocio en beneficio de grandes corporaciones internacionales durante décadas. Así que no van a soltar fácilmente el botín. Por ello, cuando Maduro y otros representantes del gobierno denuncian que el desabastecimiento de bienes básicos es causado por un boicot de parte de las elites locales (que son dueñas de las cadenas de supermercados y otros complejos de distribución), me paro a pensar y digo: mmm, no me extrañaría que esto sea cierto. Digamos que la razón y la intuición, en primera instancia, me tientan a creer que es verdadera esta acusación. Me faltaría investigar y comprobar si las pruebas que sostienen estas denuncias son verdaderas, de tal manera a poder afirmar o negar con certeza que realmente “el gobierno de Venezuela no quiere abastecer de toallitas higiénicas a la población”.